¿Usaban varias armas los primeros Homo sapiens? 191 disparos recreados apuntan a una forma de caza distinta

¿Usaban varias armas los primeros Homo sapiens? 191 disparos recreados apuntan a una forma de caza distinta

Caza prehistórica – Las marcas observadas tras los impactos se solapan entre distintos sistemas, lo que impide asignar cada pieza a un tipo concreto y cuestiona la lectura tradicional del registro arqueológico

Un grupo de cazadores tensó las cuerdas y levantó las armas mientras un león de las cavernas avanzaba con el cuerpo bajo y la mirada fija. Los hombres cambiaban de posición y buscaban distancia, algunos con lanzas pesadas preparadas para el impacto y otros con proyectiles más ligeros que podían lanzar desde más lejos.

El animal cerró el espacio en pocos segundos y obligó a reaccionar con rapidez, alternando golpes cercanos con disparos a distancia para frenarlo. Esa forma de alternar armas en una misma situación dejaba ver una estrategia que no dependía de un único tipo de herramienta.

Las pruebas replicaron disparos con varios sistemas prehistóricos

Un estudio publicado en iScience, firmado por Keiko Kitagawa y recogido en el análisis experimental de armas prehistóricas, plantea que las puntas óseas del Auriñaciense no permiten distinguir con claridad entre flechas y lanzas, lo que sugiere que distintos sistemas de caza pudieron usarse al mismo tiempo.

El trabajo se centra en comprobar si la forma y el desgaste de estas piezas permiten identificar el tipo de arma, pero los resultados muestran que esa relación no es tan directa. El equipo analiza cómo se comportan estas puntas tras el impacto y observa que las huellas no ofrecen una separación clara entre unas y otras.


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¿Usaban varias armas los primeros Homo sapiens? 191 disparos recreados apuntan a una forma de caza distinta

Para responder a esa duda, los investigadores organizaron un programa experimental amplio con 191 disparos en condiciones controladas.

Recrearon puntas inspiradas en ejemplares arqueológicos y las utilizaron con distintos sistemas, desde arco hasta propulsor, además de lanzamientos manuales.

Joachim Martz, participante con experiencia en competiciones europeas de tiro prehistórico, realizó parte de las pruebas para asegurar una ejecución consistente. Cada impacto se registró con detalle, anotando la profundidad de penetración, el punto del cuerpo alcanzado en los objetivos animales o en gel balístico y los daños producidos en la pieza.

El material y el tamaño cambian el resultado final

Los resultados sobre las fracturas cambiaron una parte importante de la interpretación tradicional.

Las marcas que dejan las puntas lanzadas con arco aparecen dentro del mismo rango que las generadas por dardos o lanzas, tanto en tamaño como en tipo de rotura. Eso implica que una pieza recuperada en un yacimiento no permite afirmar con seguridad qué sistema se utilizó.

Durante años se había asumido que ciertos patrones correspondían a armas concretas, pero el experimento muestra que esa separación no se sostiene cuando se comparan datos reales en condiciones similares.

El análisis del material introduce otro elemento decisivo.

Las puntas fabricadas en asta resistieron mejor los impactos en muchos casos, mientras que las de hueso tendieron a fragmentarse con mayor facilidad y a mostrar daños más extensos.


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¿Usaban varias armas los primeros Homo sapiens? 191 disparos recreados apuntan a una forma de caza distinta

Esa diferencia no depende del sistema de lanzamiento, sino de las propiedades del material y de las dimensiones de la pieza. El tamaño también influye, porque las puntas más pequeñas reaccionan de forma distinta al atravesar tejidos o chocar contra huesos, lo que cambia el tipo de huella que dejan tras el impacto.

En cuanto a la eficacia, el experimento muestra que tanto las flechas como los dardos podían provocar heridas profundas.

Las lanzas lanzadas con propulsor alcanzaron mayor penetración media, pero las flechas también lograron atravesar tejidos con suficiente profundidad como para resultar letales, sobre todo cuando llevaban puntas más pequeñas.

Esto desmonta la idea de que las piezas más ligeras tenían un papel secundario, porque su capacidad de penetración depende de varios factores y no solo del sistema que las impulsa.

Los grupos humanos usaban varias opciones según el terreno

El conjunto de datos encaja con una imagen más variada de la caza en el Auriñaciense. Los grupos de Homo sapiens que ocuparon Europa hace entre 40.000 y 35.000 años se movían por entornos distintos, con animales y condiciones cambiantes, y eso exige herramientas adaptadas a cada situación.


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En lugar de una secuencia simple donde una tecnología sustituye a la anterior, aparece un repertorio donde varias opciones conviven y se emplean según la necesidad. Esa diversidad también explica la variedad de puntas documentadas en yacimientos como Vogelherd, Isturitz o Manot, donde las diferencias no responden solo a estilos, sino a funciones distintas.

La falta de restos limita lo que se puede reconstruir

El problema de fondo sigue siendo la conservación del registro arqueológico. La madera de los astiles, las cuerdas o los arcos apenas se preserva, y eso limita lo que se puede reconstruir a partir de los restos disponibles.

Las puntas de hueso o asta son, en muchos casos, el único rastro de estas herramientas, y por eso concentran el análisis.

Esa limitación obliga a interpretar con cautela, porque una misma pieza puede haber formado parte de sistemas distintos, y ese margen de duda forma parte del propio estudio de estas sociedades.