
Una silla con suerte: De Quidiello a la historia del toreo
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Una silla de Quidiello, de esas de toda la vida, tuvo una suerte inaudita en la plaza de toros de la Maestranza. En lugar de languidecer en un almacén o un bar, se encontraba ubicada en el palco de ganaderos.
Pero su fortuna no terminó ahí.
Cuando Morante de la Puebla dirigió su mirada hacia el palco y solicitó una silla, Marcos Núñez no dudó en ofrecer la suya, pasándola al ruedo maestrante. Un gesto que, sin duda, habría emocionado a su padre y a sus tíos, fervientes admiradores del genio de La Puebla.
La silla llegó a manos de Morante, quien la utilizó como apoyo para banderillear al toro y comenzar la faena de muleta.
Sin embargo, el momento culminante llegó cuando, tras un derrote del toro que lo derribó, Morante, con una maestría inigualable, empleó la muleta para distraer al animal y ejecutar un muletazo que quedará grabado en la memoria de los aficionados.
Tras rematar con el de pecho, Morante devolvió la silla al palco, como si nada extraordinario hubiera sucedido.
Esta silla, sin saberlo, ha pasado a formar parte de la historia del toreo. En esta vida, como se suele decir, hay que tener suerte hasta para ser silla.













