
RUTA DE LAS FOCES DEL RÍO INFIERNO: UN PARAÍSO NATURAL EN ASTURIAS
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
En el corazón del concejo asturiano de Piloña se encuentra un tesoro natural que desafía su nombre: la ruta de las Foces del Río Infierno. Este recorrido de 14 kilómetros serpentea a través de valles verdes y bosques ancestrales, ofreciendo una experiencia inolvidable para los amantes de la naturaleza y el senderismo.
Un recorrido para los sentidos
El nombre del río, asociado a los intensos tonos rojizos que adquiere la vegetación en otoño, contrasta con la belleza del paisaje. El constante murmullo del agua acompaña cada paso, creando una atmósfera de paz y desconexión. Esta travesía lineal se ha consolidado como una joya para quienes buscan aire puro y un respiro del ajetreo diario.
La aventura comienza en el área recreativa de La Pesanca, cerca de Riofabar, rodeada de robles y castaños centenarios. Desde este punto, el sonido del río Infierno marca el inicio de la caminata. Tras cruzar el puente, la pista forestal asciende suavemente, revelando la riqueza de especies autóctonas que caracterizan el valle.
Arquitectura tradicional y naturaleza exuberante
A medida que se avanza, la arquitectura tradicional asturiana se hace presente. El Muñizón, una casa típica enclavada en el verdor del monte, es una de las primeras paradas visuales. El sendero, en excelentes condiciones, permite disfrutar del entorno sin preocupaciones.
Dejando atrás los desvíos hacia cumbres más exigentes, el caminante se adentra en un dominio forestal donde hayas y avellanos crean túneles naturales. La pendiente progresiva lo convierte en un tramo ideal para familias. La sensación de aislamiento aumenta a medida que se dejan atrás las construcciones humanas.
El río Infierno: escultor de paisajes
El río Infierno es el protagonista indiscutible de la primera mitad del recorrido. A lo largo de su cauce, el agua ha esculpido pozas y saltos, creando rincones mágicos. Las cascadas caen con fuerza entre rocas cubiertas de musgo, y el sonido rítmico de la corriente actúa como banda sonora natural.
Estos puntos ofrecen oportunidades únicas para los amantes de la fotografía. La transparencia del agua permite ver el fondo de piedra, reflejando el cielo y las copas de los árboles ribereños.
El hayedo: un ecosistema emblemático
El hayedo es el ecosistema más emblemático de la ruta. Las hayas, con sus troncos plateados y copas frondosas, crean un ambiente místico, especialmente cuando la niebla desciende desde las cumbres. Robles y castaños también forman parte del paisaje, aportando diversidad y refugio a la fauna local.
La luz del sol se filtra entre las hojas, dibujando patrones de luces y sombras en el suelo. El camino suele estar cubierto por hojas secas que crujen bajo las botas, añadiendo textura a la caminata.
Puentes, hoces y murallas calcáreas
La ruta cruza varios puentes de madera y piedra que permiten saltar de una orilla a otra del río Infierno. Pasos como el del Mercadín o la Tarantosa indican que nos acercamos al tramo más encajonado. El valle se estrecha, mostrando paredes de pizarra que se elevan verticalmente.
La transición entre el bosque cerrado y las paredes de piedra marca el inicio del tramo más espectacular del sendero. El punto culminante es la impresionante Foz de Moñacos, en los límites del Parque Natural de Redes. Aquí, la naturaleza despliega sus murallas calcáreas más imponentes, flanqueando el camino con gigantescas paredes verticales.
Un final apoteósico
Desde la majada de Moñacos, se pueden contemplar cumbres como la peña Los Tornos o el peñón de Les Travieses. Es el lugar perfecto para una parada prolongada, admirando la grandeza del entorno. El desnivel total de seiscientos metros se hace evidente al mirar hacia atrás y ver el camino recorrido.
La ruta, catalogada como de dificultad baja o media, ofrece un ascenso constante pero suave. La experiencia de las Foces del Río Infierno queda grabada en la memoria como una de las mejores rutas asturianas, una invitación a volver en cada estación para descubrir cómo el paraíso cambia su piel según el calendario anual.













