
Discos de la semana: la (enésima) resurrección de U2 por un amigo fallecido
De eso hace ya quince años, pero quien tuvo retuvo. Malditos fueron, y malditos sean. Apóstoles de un apocalipsis como Dios manda, ángeles exterminadores de un pop al que echaron brea, hiel y mala baba, pero sin desfigurarlo en los talleres del post-rock y el aburrimiento de neoconservatorio, el cuarteto de Manchester resucita en un álbum que no pasa de ser el recordatorio de su propio funeral. «Para que no me olvides, ni siquiera un momento», que cantaba Lorenzo Santamaría.
Memento mori. WU LYF se hacen oír, de nuevo a gritos, y con un disco de autohomenaje. Nada nuevo. Nada cambia y todo sobra.
¿Para qué reencarnarse? No sabemos. Doctores tienen la Iglesia y el demonio. Siguen dando miedo, conservan sus ramalazos melódicos y horteras (‘Love Your Fate’, ‘Letting Go’) y avanzan hasta la linde del pop progresivo en la pieza central -diez minutos largos- de este inesperado trabajo de nostalgia condicionada, ‘Tib St.
Tabernacle’. ‘Somos dioses en busca de Dios’, canta WU LYF. Toma ‘Lux’.U2 ‘Easter Lily'(7/10) «Merece una escucha aunque formes parte de ese grupo que cree que es cool ser hater de los de Bono» Discográfica: Island Records Por María CarbajoA estas alturas, U2 ya no compite con nadie salvo consigo mismo. Y, de vez en cuando, gana.
‘Easter Lily’ es uno de esos momentos: pequeño, recogido, honesto, bonito. Publicado apenas semanas después de ‘Days Of Ash’, este EP cambia el foco: menos titulares, más reflexiones vitales. Canciones como ‘Scars’ o ‘In A Life’ son una suerte de épica interior que recuerda a los mejores años de la banda y que cala sin llegar a ser pastel. El truco está en que no fuerzan la trascendencia, dan con ella con naturalidad.
‘Song For Hal’, con The Edge al frente en voces y composición y que nace como homenaje a un amigo fallecido, abre el mini álbum de seis temas con sentimiento, melodía sólida, evidente calidad y agradable escucha. Lo cierran con un una ‘experimental pseudo nana coral mística’ (definición chusca pero que, espero, entenderéis al escucharla) que te deja buen sabor pese a la rareza. No es redondo, ni mucho menos. De hecho hay excesiva uniformidad, ese medio tiempo tan U2 que puede sonar a piloto automático Pero cierto es que es marca de la casa y hasta reconfortante.
Merece una escucha aunque formes parte de ese grupo que cree que es cool ser hater de los de Bono.Julio de la Rosa ‘Las malas hierbas'(6,5/10) «Como si hubiera telefoneado a Sorolla, es una de las portadas más bonitas que he visto en mucho tiempo» Discográfica: Freaksville Por Israel VianaEl ex de El Hombre Burbuja lleva años perdido en el cine, publicando una banda sonora tras otra desde que, en 2014, ganó el Goya por la música de ‘La Isla Mínima’. Y en esa isla ha permanecido a gusto, regalándonos algún disco de vez en cuando: ‘El apego’ (2021) y ‘Hoy se celebra todo’ (2017). La prisa mata. Es como si estas once nuevas canciones, quizá las más sofisticadas y con la producción más cuidada que haya hecho jamás, se hubieran cocido poco a poco, entre plano contrapicado y plano detalle, para hablar de desengaños, verdades incómodas y oes oscuros del alma.
Un disco bonito, elegante y un poco siniestro al mismo tiempo, con un sonido a veces demasiado homogéneo, poco espontáneo (¿gracias a esa producción tan cuidada?), que crece y gana enteros en la segunda mitad del álbum con temas como ‘Perorata’, ‘La silla de las fieras’ y ‘Temporada de perdices’. La idea del título nació mientras le leía ‘El libro de la selva’ a su hija y se topó con la frase «te enseñaré a reconocer todas las flores del mundo». «También las malas hierbas», añadió Julio. Unas hierbas malas que el músico nos presenta, como si le hubiera dado un telefonazo al mismo Sorolla, con una de las portadas más bonitas que he visto en mucho tiempo.Joe Jackson ‘Hope and Fury'(5,5/10) «Es palpable que algunas -bastantes- canciones se vuelven aburridas y formulaicas» Discográfica: Sharp Practice LLC Por Carlos G.
Fernández Estamos ante un extraño disco con el que Jackson entra en la setentena. El inicio (‘Welcome to Burning-By-Sea’) es acuciante y arrebatador, y se agradece que alguien como él no se contente con sentarse en el sillón de crooner y hacer música con buen gusto y poco sobresalto. Pero el nivel no se mantiene durante el resto del disco, y algunas composiciones sí son propias de actos más trasnochados. Ganan los temas donde interviene ese coro grande y bastante masculino, como la citada primera canción o ‘The Face’, con ese diálogo en negativo con los coristas que pretende transmitir algo del clima social actual (también social en el sentido de redes sociales).
Hay de vez en cuando unos pianos inquietantes, con pocas notas agudas, que siempre suman toques maestros. ‘Fabulous People’ tiene una melodía imbatible, sobre todo si estuviéramos de vuelta en los ochenta. Está muy bien grabado, faltaría más, pero sí es palpable eso: que algunas —bastantes— canciones se vuelven aburridas y formulaicas. Quizás siempre llama más la furia que la esperanza, guiándonos por el título.
No hay problema, podemos volver a aquellos discos tan especiales (‘Look Sharp!’, ‘Night and Day’, ‘Body and Soul’, o incluso su disfrutable tributo a Duke Ellington de 2012)













