
Cecilia, vendedora de verduras: "Está a 3,50 euros la docena, un precio que no vas a encontrar en el supermercado. En cuanto sale el sol se dispara, hay más cantidad y el precio baja"
La vida en La Rioja se ha encarecido y ya no es una sensación, es una realidad respaldada por los datos. El Índice de Precios al Consumo (IPC) ha subido un 3% en marzo en tasa interanual, según el Instituto Nacional de Estadística. Es decir, hoy pagamos más por lo mismo que hace un año.
Aunque la cifra está cuatro décimas por debajo de la media nacional (3,4%), la tendencia preocupa. La región encadena ya dos meses consecutivos de subida de precios, y eso se traduce directamente en algo muy concreto, llenar el carro del supermercado cuesta más.
Y no hace falta mirar estadísticas para comprobarlo.
Basta con revisar el ticket de la compra o la cuenta bancaria. El encarecimiento es progresivo, constante y, sobre todo, difícil de esquivar.
Los datos oficiales dibujan un mapa claro de dónde está golpeando más la inflación. En el último año, los mayores incrementos se han registrado en:
Bebidas alcohólicas y tabaco: +5,4%Transporte: +5%Seguros y servicios financieros: tendencia al alzaEnseñanza: +3,4%
Pero si hay un terreno especialmente sensible es el de la alimentación. Aunque el aumento ha sido más moderado, los alimentos y bebidas no alcohólicas han subido un 2,3%, lo suficiente para que muchas familias tengan que ajustar su presupuesto.
Otros gastos básicos como la vivienda, el agua o la energía han contenido algo más los precios, pero el equilibrio sigue siendo frágil.
La sensación general es clara, todo cuesta un poco más.
Ante este escenario, el Gobierno de La Rioja ha activado una herramienta poco conocida pero clave, la deflactación del IRPF. Se trata de un mecanismo que ajusta automáticamente los tramos del impuesto en función de la inflación. En la práctica, si el Índice de Precios al Consumo (IPC) anual supera el 3%, la tarifa se adaptará para que la subida de precios no suponga un aumento de la carga fiscal.
Esto evita pagar más impuestos que una subida de sueldo motivada por el encarecimiento de la vida. Es lo que se conoce como “efecto arrastre fiscal”.
La medida ya está en marcha y podría beneficiar a cerca de 188.000 contribuyentes riojanos, ayudando a mantener su poder adquisitivo.
De hecho, La Rioja se sitúa ahora entre las comunidades con el tipo mínimo más bajo del IRPF.
No es una solución mágica, pero sí un alivio en un contexto donde cada euro cuenta.
En medio de esta subida generalizada de precios, hay una alternativa que gana fuerza, el producto de cercanía. Y aquí entra una voz clave, la de quienes viven del campo y atienden cada día al consumidor.
Cecilia, desde un puesto de venta directa en Rincón de Soto, lo resume con una claridad que conecta con la realidad de muchas familias, “ahora mismo hay muchísimo espárrago, porque en cuanto sale el sol y suben las temperaturas, el producto se dispara. Eso hace que haya más cantidad… y que el precio baje”.
Su testimonio pone contexto a algo que muchas veces no se entiende desde fuera, el campo depende del tiempo. “Si hace frío, no sale producto y se encarece.
Pero cuando estamos en plena campaña, como ahora, hay abundancia y eso se nota muchísimo en el bolsillo del cliente”, explica.
En ese equilibrio entre clima, producción y precio está una de las claves del ahorro. Hoy, por ejemplo, el espárrago se mueve entre 8,50 euros el kilo en primera categoría y apenas 2,90 euros en segunda, una diferencia que no afecta tanto al sabor como a la estética.
Y ahí Cecilia lanza un mensaje importante, “el de segunda es más feo, más delgado, pero está igual de bueno. Muchas veces pagamos más por la vista que por la calidad real”.
Uno de los factores que más influye en el precio final es la cercanía.
Cecilia lo explica de forma muy gráfic, “aquí la alcachofa se recoge enfrente de la tienda. La gente ve cómo se corta y cómo llega al mostrador. Eso no pasa en otros sitios”.
Esa cercanía elimina costes de transporte, almacenamiento y distribución. El resultado es un producto más fresco y más barato.
“Estamos en plena temporada y los precios son buenísimos. La alcachofa, por ejemplo, está a 3,50 euros la docena, algo que en un supermercado es difícil de ver”, señala.
Además, hay productos que mantienen estabilidad durante todo el año, como la borraja o la acelga. “Son verduras que siempre tienen más o menos el mismo precio, porque hay producción constante. Eso también ayuda a planificar la compra”, añade.
Otro de los puntos clave está en cambiar la mirada del consumidor. Cecilia insiste en aprovechar productos que muchas veces se descartan por su aspecto, “la fruta de segunda, como la pera o la manzana con alguna marca, es exactamente la misma por dentro. Solo cambia la apariencia, pero el precio es mucho más bajo”.
Este tipo de decisiones, pequeñas pero constantes, pueden marcar la diferencia a final de mes. Y además tienen un impacto directo en el desperdicio alimentario.
A eso se suma una apuesta clara por el producto nacional, “todo lo que puede ser de aquí, mejor.
Apostamos por producto español siempre que se puede, porque al final es lo que mantiene nuestro campo”, explica.
Más allá del ahorro, apostar por producto local tiene un impacto directo en el entorno. Significa apoyar a agricultores, reducir la huella de carbono y mantener vivo el tejido rural.
En un contexto de inflación, esta elección cobra aún más sentido. No se trata solo de gastar menos, sino de gastar mejor. De entender que detrás de cada producto hay una cadena que puede ser corta, sostenible y beneficiosa para todos.
Y aquí es donde el relato se vuelve más humano.
Porque mientras los precios suben, también crece una conciencia: la de mirar al origen, valorar lo cercano y confiar en quienes están cada día al otro lado del mostrador.
La inflación sigue marcando el ritmo de la economía doméstica en La Rioja. Los datos están ahí, pero lo importante es cómo se traducen en el día a día.
Hoy, más que nunca, los consumidores comparan, ajustan y buscan alternativas. Y en ese camino, el producto local se está consolidando como una de las respuestas más eficaces.
Porque al final, detrás de cada cifra hay una historia. Y en esta historia, voces como la de Cecilia ayudan a entender algo esencial, ahorrar no siempre es comprar menos, sino comprar mejor.












