EL TRAJE “RIOJA Y ORO” DE MORANTE: UN HOMENAJE A LA TRADICIÓN TAURINA EN LA MAESTRANZA

EL TRAJE "RIOJA Y ORO" DE MORANTE: UN HOMENAJE A LA TRADICIÓN TAURINA EN LA MAESTRANZA
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EL TRAJE "RIOJA Y ORO" DE MORANTE: UN HOMENAJE A LA TRADICIÓN TAURINA EN LA MAESTRANZA

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La reciente actuación de Morante de la Puebla en la Real Maestranza de Sevilla no solo será recordada por su faena, sino también por el impactante traje que lució: el “Rioja y Oro”. Esta pieza, valorada en 12.000 euros y confeccionada por la sastrería Fermín bajo la dirección de Antonio López, representa un tributo a la tradición y un reconocimiento al triunfador de San Isidro 2025.

Un Traje Clásico con Detalles Exquisitos

A primera vista, el traje impresiona por su riqueza en el bordado dorado, evocando los diseños clásicos de antaño. Sin embargo, son los detalles los que revelan su verdadera esencia. Los alamares verdes, aparentemente discretos, destacan por su singularidad al estar elaborados con hilo de seda y la técnica del rococó, una labor artesanal que aporta relieve y movimiento al bordado.

Este recurso, casi en desuso en la sastrería actual, era común en los trajes de luces de los años 30 a 50.

El “Rioja y Oro” no es simplemente un traje nuevo, sino una recuperación de la estética clásica en el mejor sentido. Cada bordado y elección técnica remiten a una época en que el traje de luces era una extensión del arte del torero. Morante, conocido por recuperar elementos tradicionales, ha logrado una coherencia total entre el premio, el diseño, la ejecución y el escenario. La Maestranza, con su simbolismo, exigía un atuendo a la altura, y Morante respondió con una pieza que busca evocar emociones profundas.

Evolución Histórica del Traje de Luces

Los detalles del “Rioja y Oro” permiten conectar con la evolución histórica del traje de luces, cuya forma actual es el resultado de más de tres siglos de transformación.

Sus orígenes se remontan al siglo XVII, cuando los primeros toreros vestían prendas cotidianas. En el siglo XVIII, figuras como Costillares y la escuela rondeña de Pedro Romero comenzaron a definir una indumentaria propia, influenciada por la moda de la época y enriquecida con bordados. La incorporación de lentejuelas y bordados metálicos en el siglo XIX dio lugar al término “traje de luces”.

Desde entonces, la estructura del traje se ha mantenido prácticamente inalterable, compuesta por chaquetilla, taleguilla, chaleco, camisa, medias, zapatillas, fajín y montera, además del bordado artesanal, que puede requerir entre 600 y más de 1.000 horas de trabajo. El conjunto completo puede pesar más de diez kilos.

Sin embargo, a lo largo de los siglos XX y XXI, el traje ha tendido a aligerarse, adaptándose a las exigencias físicas de la lidia, reduciendo el volumen de los bordados y optando por materiales más funcionales.

En contraste con esta evolución, propuestas como la de Morante recuperan el protagonismo del bordado en relieve, la riqueza ornamental y técnicas tradicionales como el rococó en seda, devolviendo al traje su dimensión más clásica y convirtiéndolo en una parte esencial de la expresión artística del torero en el ruedo.

Faena Histórica y Salida a Hombros

La tarde en la Maestranza quedó marcada por la actuación de Morante ante el cuarto toro, “Colchonero”, de la ganadería de Álvaro Núñez. Tras abreviar con su primero, el diestro realizó una faena de gran contenido artístico, destacando con el capote y protagonizando un momento memorable al tomar las banderillas, culminando el tercio con un par al quiebro sentado en una silla. Con la muleta, su labor tuvo pasajes de gran inspiración, especialmente al natural. Aunque falló con la espada, recibió dos vueltas al ruedo y fue sacado a hombros por la Puerta de Cuadrillas, en medio de una Maestranza entregada.