El Papa León XIV clama desde Angola contra los "intereses prepotentes" y la "civilización mercantil" que acaparan las riquezas africanas

El Papa León XIV clama desde Angola contra los "intereses prepotentes" y la "civilización mercantil" que acaparan las riquezas africanas
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

El Papa León XIV clama desde Angola contra los "intereses prepotentes" y la "civilización mercantil" que acaparan las riquezas africanas

El papa León XIV ha aterrizado este lunes en Luanda, capital de Angola, en la segunda etapa de su viaje apostólico por África que comenzó en Camerún. Tras ser recibido por el presidente de la República, Joao Lourenço, el Pontífice ha pronunciado su primer discurso ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, un texto en el que ha denunciado los intereses que explotan el continente. El Papa permanecerá en el país hasta el martes 21 de abril, cuando partirá hacia Guinea Ecuatorial.

El Pontífice ha iniciado su intervención presentándose como un “peregrino que busca señales de la presencia de Dios” y ha elogiado la mayor riqueza del pueblo angoleño: “una alegría que ni siquiera las circunstancias más adversas han podido extinguir”. Ha descrito esta cualidad como un tesoro que “no pueden venderse ni robarse” y que renace en quienes mantienen sus “corazones y mentes libres del engaño de la riqueza”.

En su discurso, el Papa ha lamentado que, con demasiada frecuencia, las regiones de África se han percibido “como un lugar en donde dar o, más a menudo, de donde tomar algo”.

Por ello, ha hecho un llamamiento contundente a “romper esta cadena de intereses que reduce la realidad y la vida misma a una mercancía”. Ha advertido de que esta “lógica extractiva” trae consigo “cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuántas catástrofes sociales y ambientales”.

Frente a este modelo, que “discrimina y excluye”, el Papa ha defendido que “África es para el mundo entero una reserva de gozo y de esperanza”, calificando estas virtudes como “políticas”. Según ha explicado, esta esperanza reside en sus jóvenes y pobres, que “aún sueñan, aún esperan, no se conforman con lo que ya existe, desean levantarse, prepararse para grandes responsabilidades”. Ha asegurado que el “deseo de infinito que habita en el corazón humano es un principio de transformación social más profundo que cualquier programa político o cultural”.

León XIV ha señalado que “África necesita urgentemente superar las situaciones y los fenómenos de conflicto y enemistad que desgarran el tejido social y político de muchos países”.

Para ello, ha subrayado que el camino es el diálogo, porque “sólo a través del encuentro florece la vida”. Citando a su predecesor, el Papa Francisco, ha recordado que la forma más adecuada de afrontar las tensiones es “aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso”.

Dirigiéndose directamente a los gobernantes, les ha pedido que no teman “el desacuerdo” ni apaguen “las aspiraciones de los jóvenes ni los sueños de los ancianos”. La clave, ha dicho, es saber gestionar los conflictos para “transformarlos en oportunidades de renovación”. En este sentido, les ha exhortado: “Antepongan el bien común al interés particular, sin confundir jamás la parte de ustedes con el todo”.

Y ha añadido con firmeza: “La historia les dará la razón, incluso si algunos les son hostiles en el futuro inmediato”.

El Papa ha contrapuesto la alegría y la esperanza con las “pasiones tristes” que buscan imponer “los déspotas y tiranos” para someter a los pueblos. Ha alertado contra el refugio en “el fanatismo, la sumisión, la manipulación mediática, el espejismo del oro y el mito de la identidad”, que separan en lugar de unir. En esta línea, y de nuevo con palabras del Papa Francisco, ha criticado el “mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar” que siembra “la desesperanza y la desconfianza constante”.

Frente a esa alienación, ha defendido la “verdadera alegría”, que la fe reconoce como un “don del Espíritu Santo” y que “intensifica la vida y nos impulsa hacia el ámbito abierto de la sociabilidad”. Su discurso ha concluido con una reflexión final: “sin alegría no hay renovación; sin interioridad no hay liberación; sin encuentro no hay política; sin el otro no hay justicia”.

Finalmente, ha ofrecido a la Iglesia católica como “levadura en la masa” para fomentar un “modelo justo de convivencia” y eliminar los obstáculos al “desarrollo humano integral”.