
LA ESTATUA DE FERNANDO VII EN SEVILLA PIERDE LA CABEZA POR EL TEMPORAL
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La colosal escultura de Fernando VII, ubicada junto a la Torre de Don Fadrique en Sevilla, ha sufrido un nuevo percance. La reciente DANA que azotó la ciudad derribó un árbol que cayó sobre la estatua, decapitándola.
Esta escultura de bronce, con una altura de más de dos metros y un peso de dos toneladas, ha tenido una historia agitada. Desde su creación en 1831 por Pierre Joseph Chardigni, ha presidido lugares públicos en Barcelona, París y Sevilla.
Un valor artístico único
La historiadora del Arte Teresa Lafita, autora del estudio Fuentes y Monumentos Públicos de Sevilla, destaca el valor artístico de la pieza y rechaza que se la considere una “escultura maldita”.
“El término ‘maldita’ es demasiado fuerte; puede que el personaje histórico que representa fuese maldito y algo de eso haya quedado en su figura en bronce, pero se trata de una pieza única, de un gran valor artístico, al margen de cualquier otra consideración y del propio devenir histórico”, afirma Lafita.
Una historia de traslados y avatares
En 1998, Teresa Lafita descubrió en el Archivo de Escultura del Siglo XIX del Museo del Louvre el documento que acreditaba la autoría de Chardigni.
Desde 1926, la escultura permanece a la intemperie en los jardines medievales de la Torre de Don Fadrique, dentro del centro cultural del Convento de Santa Clara. Lafita considera que este lugar, aunque descontextualizado, es donde debe permanecer.
El Convento de Santa Clara fue el Museo Arqueológico de Sevilla a finales del siglo XIX, lo que explica su acogida de la escultura. Sin embargo, su ubicación actual es un rincón casi secreto de los jardines, cerrados al público por obras de restauración.
Un peregrinaje constante
La historia de la escultura es testimonio de su azaroso destino. En 1926, el Arzobispado de Sevilla la vendió al Ayuntamiento, como parte del mobiliario del Palacio de San Telmo, tras la donación del palacio a la Iglesia por los herederos de los Montpensier.
En 1893, María Luisa Fernanda de Borbón ya había donado el parque que lleva su nombre a la ciudad y su palacio de San Telmo al Arzobispado. En 1868, durante “La Gloriosa”, la trasladó a una glorieta menos visible para protegerla de las revueltas.
En 1835, ‘La Bullanga’, una revuelta popular contra el absolutismo, derribó la estatua de su pedestal en Barcelona. En 1840, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias la llevó consigo a su exilio en Francia, y en 1861 Napoleón III la regaló a María Luisa, quien la trasladó a Sevilla.
Durante los disturbios revolucionarios, la estatua fue derribada y arrastrada, perdiendo varias piezas, como las manos, que un orfebre sevillano compró décadas después en el mercadillo de antigüedades de El Jueves.













