
La tentación NYMBY y el problema de la vivienda
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
¿Sería mejor que el mundo se transforme o que se quede como está? Hace 40 años, la izquierda era sinónimo de cambio, construyendo barrios, sindicatos y asociaciones. Hoy, una parte de la izquierda occidental se ha vuelto reticente a construir, un fenómeno conocido como “Nimbyism” (“Not In My Back Yard”).
El auge del “Nimbyism” en la izquierda
Este fenómeno, que comenzó a describirse en Estados Unidos hace una década, se ha globalizado. Algunos partidos políticos se oponen a la construcción de viviendas y dificultan el impulso de las energías renovables. Recientemente, se ha argumentado que la solución no es crear más viviendas, ya que los especuladores acumulan.
¿Cómo se ha producido este cambio? ¿Qué impulsa este movimiento hacia el proteccionismo en opciones tradicionalmente progresistas?
Vivienda: ¿Bien de mercado o título de propiedad?
Una de las confusiones más perjudiciales en el debate sobre la vivienda es considerarla un bien de mercado, como los cañones o la mantequilla. La realidad es que las licencias de vivienda son un monopolio del Estado, que determina dónde, cuándo y cuánto se puede construir. Además, el Estado influye en la demanda y controla los precios a través de incentivos fiscales.
Un símil más adecuado sería comparar las viviendas con las acciones de una empresa. Al igual que las acciones, las licencias de vivienda no son un bien, sino un título de propiedad. Existe un único emisor que controla la oferta y, en gran medida, la demanda y el precio. El valor de ambos títulos está ligado a la entidad que los respalda: la empresa o el país.
La vivienda como inversión y reparto de la riqueza
Distribuir la propiedad de los países mediante la vivienda fue un pilar del Estado del Bienestar del siglo XX. La vivienda era la inversión perfecta para que los estados repartieran entre sus ciudadanos los dividendos generados por sus inversiones en infraestructura urbana. La creación masiva de inmuebles se consideraba un reparto de las “participaciones” en un país.
Por lo tanto, el problema de la vivienda no es solo habitacional, sino de reparto de la riqueza, de distribución del capital y de las inversiones de un país.
La crisis actual y la falta de incentivos
En Europa, gran parte del parque de viviendas se construyó antes de 1996. Los propietarios originales no tienen incentivos para que se emitan más “acciones” (licencias), ya que esto reduciría el valor de las suyas. Al contrario, si el país crece sin aumentar el número de acciones, estas valdrán más automáticamente.
De manera similar, los propietarios del suelo no tienen incentivos para edificar, ya que construir les obliga a vender y cerrar una posición que, de mantenerse abierta, seguiría generando valor indefinidamente. El suelo sin edificar se convierte en la “acción” perfecta: no da trabajo, no paga impuestos y se revaloriza solo.
Superar el “Nimbyism” y construir el futuro
Si los gobiernos han perdido interés en desarrollar más y la urbanización de nuevos terrenos se ha vuelto un proceso lento, no se debe solo a la burocracia. La burocracia es la misma para todo, pero otros temas avanzan más rápido. El problema es que se han vuelto NYMBYs. Los “accionistas” son una masa inmensa e influyente de votantes cuyo interés está en cobrar dividendos, no en emitir más acciones.
Para solucionar el problema de la vivienda, es necesario construir. Hay que densificar las ciudades, rehabilitar energéticamente los edificios e instalar más energías renovables. También es necesario poner freno a la especulación. El mensaje clave es que el país debe estar comprometido con que todas las generaciones accedan al capital común en las mismas condiciones.
Todo lo demás, es NYMBYsm.













