
Amílcar Cabral, el líder que liberó dos países: Un documental revela su lado humano
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Un ingeniero agrónomo que unió a Guinea-Bissau y Cabo Verde, dos países con el portugués como único lazo común, para liderar la lucha anticolonial. Amílcar Cabral, asesinado meses antes de la independencia de Guinea-Bissau en 1973, es una figura clave en la historia africana, reconocido por la BBC como uno de los mejores líderes de todos los tiempos.
El cineasta mallorquín Miguel Eek explora la vida de este personaje en el documental ‘Amílcar’, abordando tanto su trayectoria política como aspectos personales inéditos. La película ha sido galardonada en el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam (IDFA) y seleccionada por el Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA).
Eek se sintió atraído por la figura de Cabral durante una crisis en España: “Me resuena en esa época ver que hay alguien en una latitud y tiempo tan alejados al mío que, por primera vez, como que me interpela lo que dice, más que políticos contemporáneos de mi territorio”, explica el director.
Para crear el documental, Eek entrevistó a más de 40 personas, incluyendo familiares, compañeros de lucha y biógrafos, como la historiadora Iva Cabral, el expresidente de Cabo Verde Pedro Pires y el político Manuel Alegre.
El objetivo de ‘Amílcar’ va más allá de la mera biografía: “Es una película de autor, que no pretende ser un documental arquetípico de *biopic* televisivo”, dice Eek. “Es una pieza que tiene una propuesta en la que el espectador viva desde el personaje y no hacia el personaje; nadie te habla de Amílcar, sino que es una tentativa de encarnar al personaje a través de sus textos íntimos a través de imágenes subjetivas”.
Un líder adelantado a su tiempo
Según el historiador panafricano Omer Freixa, Amílcar Cabral fundó en 1956 la primera organización política por la independencia, el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC). Su formación en Lisboa le permitió conectar con otros estudiantes que se convertirían en líderes, como Mário Pinto de Andrade, del MPLA.
Una figura con luces y sombras
El documental de Miguel Eek muestra un Amílcar Cabral con virtudes y defectos. Eek explica que al principio le costó encontrar al ser humano detrás de la figura idealizada: “En las entrevistas preliminares que hice me resultaba complicado encontrar al ser humano porque todo era tan idílico, se hablaba de una divinidad, casi de un mito”.
Las sombras del personaje se relacionan con la gestión de la lucha por la liberación, las tensiones dentro del partido y la falta de recursos: “Tuvo que ejercer la autoridad de una forma que podría ser cuestionable; un exceso de liderazgo o de concentración de poder que quizás él entendía que era la única forma de asegurar el éxito, pero que también granjeó ciertos desequilibrios”, añade Eek.
Uno de los mayores desafíos para Cabral fue unir a dos países tan diferentes: “Amílcar soñó muy alto a la hora de imaginar la independencia de dos países cuya realidad colonial, social, tribal y económica muy diferente”.
Cabo Verde es un archipiélago, mientras que Guinea-Bissau es un país continental con muchas tribus. “Los caboverdianos eran fundamentalmente mestizos y los guineanos eran negros, de diferentes tribus y con diferentes ambiciones y deseos de no perder su poder, lo que generó muchas tensiones intestinas”, explica el director.
La lucha anticolonial también generó roces: “En general, los que estaban al frente de la lucha eran los guineanos, cuando los caboverdianos estaban más en la retaguardia y en la parte estratégica”, indica Eek. “Unir a dos países en una lucha común fue algo tremendamente dificultoso que comprometió su propia vida”.
Cabral apostó firmemente por la lucha armada como único camino hacia la independencia. Omer Freixa explica que “a diferencia de otras administraciones coloniales, la intransigencia de Lisboa a conceder la independencia o a negociarla aceleró la vía armada, en tanto herramienta política para alcanzar la libertad y no como un fin en sí misma”.
Finalmente, Guinea-Bissau y Cabo Verde lograron la independencia por separado. Guinea-Bissau se declaró independiente el 24 de septiembre de 1973, mientras que Cabo Verde lo hizo el 5 de julio de 1975. Freixa destaca que “el caso de Guinea Bissau fue violento, ubicándose el comienzo de la guerra por la liberación en 1963 e incluyendo en su curso, diez años más tarde, el asesinato de Cabral. [En cambio] El camino caboverdiano no fue violento y el país no sufrió ningún golpe de Estado”.
A pesar de esto, “ambas naciones hayan permanecido unidas siguiendo los preceptos del PAIGC, aunque de forma nominal”.
La ambición de Cabral por organizar a dos países y capitalizar una revolución no pasó inadvertida para Portugal: “En paralelo, la policía portuguesa iba observando y lo que el partido y el propio Amílcar hacían. Estaban muy infiltrados y había una información muy precisa de sus movimientos, pero él no sabía hasta qué punto todos sus planes estaban siendo monitorizados”, relata Eek.
Cabral también era consciente de la situación política en Portugal: “Cabral tuvo informantes en la metrópoli a través de una red del partido sumado al testimonio de prisioneros de guerra portugueses. Supo que la moral de los soldados metropolitanos estaba por los suelos y que Portugal también se encontraba bastante aislado en el contexto internacional”, afirma Omer Freixa.
La cultura como motor de la revolución
Amílcar Cabral defendió la cultura propia como motor de la revolución y la resistencia. Omar Freixa destaca la importancia de que el movimiento de liberación conociera la cultura del pueblo.
Para Cabral, la asimilación de la cultura de la metrópoli era “un intento violento de negar la cultura propia y, como tal, un acto inhumano”, señala Freixa.
La educación y la cultura de los pueblos guineanos y caboverdianos eran fundamentales: “dos pueblos que debían renacer y recuperar su identidad”. “El nacionalismo debía ser el motor principal para una reestructuración social. Como planteó el dirigente, si la lucha por la liberación es un acto cultural, recuperar la cultura implicaba obras concretas por el progreso”, detalla Omer Freixa.
Cabral propuso la idea del “suicidio” de la clase burguesa para su posterior “renacimiento” como trabajador revolucionario.
Para evitar la aceptación de la burguesía, “Cabral ofrecía a la burguesía la oportunidad de radicalizarse, identificarse con las masas y no adoptar una actitud contraria al ideal revolucionario. No todos los sectores obraron de forma monolítica ante esa propuesta”, explica Freixa.
El documental ‘Amílcar’ también explora los dos matrimonios del líder. El primero fue con María Helena Rodrigues, una ingeniera agrónoma que conoció en Lisboa. “Las relaciones entre blancos y negros en la Lisboa de los años 60 no gozaban del beneplácito ni de las familias ni del ámbito social. Incluso cuando María Helena fue con Amílcar a Guinea, tampoco fue bien recibida, no era su lugar en una sociedad que veía al blanco como el opresor”, relata Eek.
Cabral se casó posteriormente con Ana María Cabral, con quien estuvo hasta su asesinato en 1973. “Gracias a ella he podido construir esta película, en esa aproximación íntima que descubrimos el otro lado de un líder revolucionario”, subraya Miguel Eek.
Muerte y legado
Amílcar Cabral fue asesinado el 20 de enero de 1973. Omer Freixa señala que “dos de los autores materiales del homicidio eran parte de las filas del partido nacionalista”, lo que “da una muestra de la medida en que no todo era unidad al interior del PAIGC si se considera la tesis de un complot ‘desde adentro’”.
A pesar de su prematura muerte, “Cabral se ha erigido como uno de los grandes referentes de la época de las independencias de África junto a otras figuras como Patrice Lumumba, Jomo Kenyatta o Eduardo Mondlane”. “Gracias a él, se pudo coordinar y articular la lucha de las posesiones portuguesas contra el colonialismo”, recuerda Freixa.
Como figura filosófica y política, “sigue siendo una figura tremendamente inspiradora para un pensamiento progresista y panafricano”, añade Eek. “Era un tipo tremendamente visionario y nos habla sobre hasta qué punto la utopía sigue siendo un motor de cambio y que cada generación tiene que seguir reconquistando los derechos conseguidos”.
Para Eek, ‘Amílcar’ es el documental más “ambicioso” que ha realizado: “Sobre todo por la necesidad de entender bien a un personaje, a una cultura y a un territorio del cual sabía muy poco y que me llevó a un proceso de documentarme mucho para no sentirme más intruso de lo que ya soy”. “El reto era no caer en miradas coloniales, condescendientes o romantizadas”, añade.
El éxito del documental demuestra que “se pueden hacer películas que trasciendan lo local, que viajen y que hagan que la industria del cine español esté presente”, comenta el director. “Y que se vea que somos capaces de contar historias que conectan con nosotros no necesariamente desde lo próximo, sino que lo próximo está en lo universal”, concluye.













