
Ola de incendios devasta el norte de España: Un ciclo destructivo para el suelo y la fauna
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El norte de España se enfrenta, año tras año, a una preocupante oleada de incendios forestales que coinciden con la llegada del calor y los vientos del sur. Asturias, Cantabria y Galicia son las regiones más afectadas, donde decenas de focos simultáneos arrasan cientos de hectáreas de monte bajo.
El origen de los incendios: prácticas ganaderas
La mayoría de estos incendios son provocados por el hombre, principalmente por ganaderos que buscan generar pastos y despejar el monte para el ganado. En Cantabria, el gobierno regional ha contabilizado más de 140 incendios en los primeros nueve días de abril. Según el Ejecutivo, el 75% de los fuegos de la última década se concentran en febrero y marzo, siendo casi todos “intencionados” por las “prácticas ganaderas”. En Asturias, se han detectado más de 30 focos cuyo origen “no se produce de manera natural”. Galicia, por su parte, ya ha registrado un gran incendio forestal que ha calcinado 750 hectáreas.
Impacto ecológico devastador
El impacto ecológico de estos incendios recurrentes es alarmante. Alfredo F. Ojanguren, profesor de Zoología de la Universidad de Oviedo, advierte que “el efecto ecológico de que se quemen esos montes año tras año es devastador. Lo primero es que, con el fuego, se empobrece el suelo, lo que luego lleva a la erosión y a que, en las zonas que se queman recurrentemente en primavera, al final solo quede pedregal”.
Los incendios eliminan la cubierta vegetal protectora, intensificando la erosión y la escorrentía, lo que altera el funcionamiento ecológico de los ecosistemas. La degradación del suelo, una capa esencial para la vida, abre la puerta a la desertificación, un problema creciente en la Unión Europea, especialmente en España.
Lourdes Hernández, experta en incendios forestales de WWF, señala que “al quemarse repetidamente las mismas zonas, se acumula la degradación. El bosque pierde capacidad de regeneración y se consolidan formaciones vegetales cada vez más pobres e inflamables”, creando un círculo vicioso difícil de romper.
Destrucción de hábitats y pérdida de biodiversidad
Estos incendios afectan gravemente a la fauna y flora local. Alfredo Ojanguren explica que “este tipo de quemas se centran en zonas no arboladas como laderas cubiertas por monte bajo, brezos, tojos, escobas… Se trata de un hábitat esencial, no solo para esa vegetación que arde, sino para muchas especies de animales que dependen de ello”.
Nicolás López, delegado de SEO/Birdlife en Asturias, destaca que los incendios “en época reproductora como es ahora mismo causan gravísimos daños. No solamente a las especies de aves que están criando, sino que conllevan una destrucción de todos los invertebrados, de flora, de bancos de semillas y de individuos de especies que no pueden desplazarse y que estaban saliendo ahora de su letargo invernal para acabar calcinados”.
Un informe reciente detectó que los incendios en Cantabria en 2025 afectaron entre el 8% y el 15% del territorio donde vive el urogallo, especie en peligro crítico de extinción, o hasta el 17% del desmán de los pirineos, en el mismo máximo nivel de peligro.
Conflicto entre ganadería y medio ambiente
El sector ganadero ha manifestado su desacuerdo con la “criminalización” como responsables de estos incendios. Sin embargo, las fiscalías de medio ambiente han reiterado que las prácticas ganaderas y agrícolas de las quemas están detrás del fuego. Los fiscales han señalado que casi todos los incendios están relacionados con la regeneración de terrenos para pastos.
Lourdes Hernández subraya que “estos incendios no son episodios aislados, sino un problema crónico reflejo de fuertes conflictos sociales, económicos y territoriales cada vez más enquistados” y que “centrarse solo en apagar incendios no funciona porque el verdadero problema está en un sistema territorial y socioeconómico en desequilibrio”. Aboga por una gestión participada entre las administraciones y los ganaderos para garantizar la actividad y la biodiversidad.
Nicolás López concluye que “no hay que dejar de destacar que el 100% de estos incendios son provocados porque, al menos en Asturias, no ha habido ninguna tormenta eléctrica para producir incendios fortuitos y que hay una impunidad total: no hay sentencias”.













