
El escritor navarro que luchó contra los carlistas, se convirtió en líder del carlismo y ahora tiene dos calles en Pamplona: "Tuvo mucho mundo, pero curiosamente nació y murió en el mismo lugar"
El escritor e historiador Juan Echenique, autor de “Secretos de Pamplona”, ha desvelado en COPE Navarra la historia detrás del nombre de una de las calles del Ensanche de la capital: la calle Navarro Villoslada. Esta vía, que discurre desde la Avenida de Zaragoza hasta la plaza de Merindades, rinde homenaje a una de las figuras más polifacéticas y complejas de la historia de Navarra del siglo XIX.
El nombre completo del personaje es Francisco de Borja Navarro Villoslada y Navarro Villoslada. Según explica Echenique, la duplicidad del apellido se debe a que sus padres, Manuel y María Pilar, eran primos. Nacido en Viana en 1818, Navarro Villoslada fue “periodista, escritor, político, dramaturgo y ensayista”, una vida tan prolífica que provoca la admiración del historiador: “Cuando leo estas vidas de esta gente, me dan mucha envidia, porque tuvieron tiempo de ser 3 o 4 cosas a la vez”.
Desde niño demostró una gran afición por la lectura, lo que le llevó a escribir poemas y cuentos a una edad temprana.
Su familia le inculcó la vocación religiosa y, siendo aún un niño, marchó a la Universidad de Santiago de Compostela para cursar teología y filosofía, llegando incluso a “ordenarse de menores”, un paso previo al sacerdocio que su destino se encargaría de truncar.
Con el estallido de la Primera Guerra Carlista en 1836, Navarro Villoslada fue llamado a filas y tuvo que regresar a Viana. Luchó en el bando de la milicia nacional, es decir, contra los carlistas, llegando a escribir un poema de alabanza a la figura del general Espartero. Esta militancia inicial contrasta fuertemente con su futuro, ya que, como recuerda Echenique, “después fue un reconocido carlista”.
Al finalizar la guerra, se trasladó a Madrid para estudiar Derecho en la Universidad Complutense, costeándose las clases con colaboraciones en periódicos y revistas. En la capital se codeó con grandes figuras literarias como José Zorrilla, autor de “Don Juan Tenorio”, o Ángel de Saavedra.
Su vida personal también sufrió altibajos: se casó en 1847 con María Teresa de Luna y tuvo dos hijas, pero enviudó apenas cuatro años después, en 1851.
Su carrera política fue intensa. Fue diputado por Estella y más tarde por Pamplona, fundó periódicos afines al carlismo como “El pensamiento español” y su militancia le costó cara. Pasó 45 días en la cárcel por criticar a un ministro y sufrió un exilio de tres años en Francia, donde actuó como consejero y secretario particular del pretendiente Carlos VII, quien le concedió el título de barón de Villoslada.
En 1871 regresó a España al ser elegido senador por Barcelona, pero el estallido de la Tercera Guerra Carlista le llevó a retirarse definitivamente de la política. Fue entonces cuando se dedicó a escribir su obra más célebre, la novela histórica “Amaya o los vascos en el siglo VIII”, publicada en 1879.
En ella narra la lucha de godos y vascos en defensa del cristianismo frente a los musulmanes.
La protagonista de esta novela es, precisamente, la que da nombre a la calle Amaya de Pamplona. Este hecho, como señala Echenique, convierte a Navarro Villoslada en un caso único: “Casi podemos decir que tiene una calle, pero tiene dos”. Aunque “tuvo mucho mundo, pero curiosamente nació y murió en el mismo lugar”, su legado se expandió por la ciudad.
Su salud empeoró en sus últimos años. A pesar de ser nombrado jefe del partido carlista por Don Carlos para intentar reunificarlo, fracasó en su intento y fue acusado de traidor.
Finalmente, se retiró a su Viana natal, donde falleció en 1895, sin saber que su nombre y el de su principal creación literaria quedarían inmortalizados en el callejero de Pamplona.













