Lo diseñaron para imitar a un gato y han acabado creando un aparato que baja el estrés con solo acariciarlo

Lo diseñaron para imitar a un gato y han acabado creando un aparato que baja el estrés con solo acariciarlo

Tensión – Los participantes probaron el aparato con distintas intensidades de presión y completaron una escala antes y después para comprobar si cambiaba su nivel de activación emocional

El contacto con un animal cambia la respuesta del cuerpo en pocos segundos, incluso cuando ese contacto es leve y repetido. La compañía de una mascota, como un gato que se acerca y apoya la cabeza o emite un ronroneo constante, reduce la tensión porque introduce un ritmo físico estable y predecible.

Ese efecto no depende solo de la presencia del animal, sino del tipo de interacción que se produce, en especial cuando hay contacto directo con el cuerpo. En ese contexto, el comportamiento de frotar la cabeza contra personas u objetos, habitual en gatos, genera una reacción que muchas personas perciben como calmante.

Ese gesto tiene una función clara en el animal, pero en humanos se traduce en una bajada de la activación emocional que se puede medir.

La dificultad aparece cuando no todo el mundo puede convivir con animales por alergias, riesgos o condiciones médicas, y ahí surge la posibilidad de reproducir ese tipo de contacto con otros medios.

Un equipo japonés creó una máquina que imita ese gesto

Un equipo de la Universidad de Tsukuba, con Yuga Adachi y Fumihide Tanaka, desarrolló un robot capaz de imitar ese gesto y, según recoge ACM Transactions on Human-Robot Interaction, evaluó si esa interacción reduce la tensión en personas. El dispositivo reproduce el movimiento de frotar la cabeza contra el cuerpo humano y permite ajustar cómo se realiza ese contacto. El objetivo era comprobar si una máquina puede generar un efecto comparable al de una mascota en términos de estado de ánimo.


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Lo diseñaron para imitar a un gato y han acabado creando un aparato que baja el estrés con solo acariciarlo

El desarrollo partió de un comportamiento animal conocido como bunting, que consiste en apoyar y desplazar la cabeza contra otra superficie. En gatos, ese gesto forma parte de su comunicación y aparece en contextos de proximidad. El equipo trasladó esa acción a un sistema mecánico que ejecuta el mismo movimiento sobre el cuerpo de una persona, con un cabezal cubierto y una estructura que permite inclinarse y presionar.

Un ensayo con 22 personas midió el efecto del contacto

Para evaluar el efecto, los investigadores trabajaron con 22 participantes y organizaron tres condiciones distintas en función de la rigidez del movimiento.

Cada persona interactuó con el robot mientras este realizaba el gesto con una fuerza baja, alta o variable. Antes y después de la interacción, completaron una escala temporal de estado de ánimo que mide la tensión.

El primer prototipo resultó limitado en la intensidad del contacto, ya que varios participantes percibieron una presión menor que la de un animal real. Esa respuesta llevó a una segunda versión con un cuello flexible que cambia su rigidez durante el movimiento.

Esa modificación permitió ajustar la presión en tiempo real y acercarse más al comportamiento natural que se buscaba reproducir.


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Lo diseñaron para imitar a un gato y han acabado creando un aparato que baja el estrés con solo acariciarlo

Tras las pruebas, todos los grupos mostraron una reducción en la tensión después del contacto con el robot. Las diferencias entre los niveles de rigidez no fueron relevantes desde el punto de vista estadístico, aunque algunas personas señalaron que el cambio de presión hacía el movimiento más creíble.

Un participante indicó que “pensé que la fuerza cambiaba y parecía real, así que este comportamiento fue el más relajante”.

Otro añadió que “este movimiento se sentía natural porque tenía fuerzas más fuertes y más suaves en comparación con las otras condiciones”.

El estudio deja dudas sobre qué causa realmente el efecto

Este tipo de dispositivo podría utilizarse en entornos donde no es viable introducir animales, como hospitales o residencias, ya que permite ofrecer contacto físico controlado. También abre la posibilidad de diseñar herramientas que ayuden a reducir la tensión en situaciones clínicas donde el contacto tiene un papel importante.

El estudio, sin embargo, no incluyó una condición de control que permita aislar el efecto exacto del robot, por lo que no se puede determinar si la reducción de tensión procede del contacto, del movimiento o de la experiencia en sí.