
Gabrielle Wittkop: La Marginalidad Erótica que Resuena en Tiempos de Fragilidad
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La figura de Gabrielle Wittkop, autoproclamada “nieta de Sade”, resurge con fuerza gracias a nuevas traducciones de la editorial Cabaret Voltaire. Su obra, transgresora y adelantada a su tiempo, se presenta como un faro en un contexto actual marcado por la incertidumbre y la amenaza a las libertades individuales.
El padre de Gabrielle Wittkop, creyendo que la escuela sofocaba el espíritu crítico, la educó en casa, dejándola libre en su biblioteca. A los cuatro años, Gabrielle ya leía por sí sola. A los veinte, había devorado todos los libros de su hogar. Autores como E.T.A. Hoffmann, el Marqués de Sade, Lautréamont y Edgar Allan Poe moldearon su visión del mundo.
Lydia Vázquez Jiménez, catedrática de Filología Francesa de la Universidad del País Vasco y experta en literatura libertina y estudios de género, es la encargada de traducir y difundir su legado. La reciente publicación de *Muertes ejemplares* se suma a títulos impactantes como *El necrófilo* (1972) y *La vendedora de niños* (2003).
Una Autora Fuera de su Tiempo
Según Vázquez, Wittkop fue una autora “fuera de su tiempo”. Nacida en 1920, pertenece a la generación de entreguerras. Si bien podría haberse sumado a la Nouveau Roman, prefirió seguir su propio camino. No encajaba y tampoco le interesaba hacerlo. “Mientras los adalides del Nouveau Roman se plantean la deconstrucción del relato institucionalizado desde el siglo XIX en Francia, Gabrielle Wittkop vuelve la vista al pasado y se deja inspirar por figuras como Sade o Poe”, explica Vázquez.
Un Debut Literario a los 52 Años
Wittkop comenzó a escribir tardíamente. Primero se dedicó a la lectura y luego a la ilustración. No publicó su primer libro, *El necrófilo*, hasta los 52 años. Esta obra, ubicada entre el terror y el erotismo, no encajó fácilmente en el panorama literario de la época. “Una obra a caballo entre el terror y el erotismo, en un momento en que la literatura francesa apostaba por el compromiso político o por la experimentación formal, la hace definitivamente inclasificable”, señala Lydia Vázquez Jiménez.
Se la ha comparado con Annie Le Brun, por su pasión por Sade, o con Jeanne de Berg (Catherine Robbe-Grillet), por su erotismo sadomasoquista. Sin embargo, estas similitudes son más producto de la crítica que de una correspondencia real entre las autoras.
A *El necrófilo*, le siguieron relatos como *Serenísimo asesinato*, *La vendedora de niños*, *Cada día es un árbol que cae* y *Muertes ejemplares*. Wittkop abordó temáticas como la marginalidad, la muerte, la putrefacción y el erotismo extremo, que en su tiempo se consideraban aberrantes. Por ello, su reconocimiento fue tardío.
En su momento, Gabrielle Wittkop fue incomprendida. *El necrófilo* tuvo éxito de público, pero la crítica la ignoró. Su traslado a Fráncfort la alejó de los círculos parisinos. Durante la ocupación nazi, conoció a Franz Justus Wittkop, un desertor alemán con quien se casó al terminar la guerra para salvarlo. La pareja, unida por un vínculo intelectual, se mudó a Alemania, donde Gabrielle vivió el resto de su vida. Fue más famosa en Alemania que en Francia, donde el reconocimiento llegó tardíamente.
Devota de Sade
Gabrielle Wittkop estudió la literatura francesa del siglo XVIII y la sociedad veneciana. Compartía con los libertinos una filosofía que rechazaba la autoridad moral y religiosa, así como un estilo literario particular. Su voz literaria era “cruda, ‘viril’, rica, suntuosa y paradójica”, según Vázquez. La autora se convirtió en una “gran mediadora entre aquella estética, que respondía a toda la ‘violencia del rococó’ y la nuestra”.
Wittkop conocía profundamente la literatura libertina, “basada en el materialismo, en el culto a la naturaleza, en el convencimiento de que *No hay mañana*”. Pero, sobre todo, sentía devoción por el Marqués de Sade.
“Su devoción está enteramente consagrada a Sade”, afirma Vázquez. Wittkop se autoproclamó nieta de Sade. “Y estoy segura de que el marqués, por una vez, habría estado orgulloso de su descendencia”, agrega la catedrática. “La libertad total de la escritura sadiana donde todo puede, y debe, ser dicho, encuentra efectivamente su eco posmoderno en la obra de Gabrielle Wittkop. La hipocresía y la extrema crueldad de los poderosos que vemos al descubierto en *Serenísimo asesinato* o en *La vendedora de niños*, son las mismas que ya denunciaba Sade… y que nos recuerdan a los archivos Epstein”.
Según Lydia Vázquez, los libertinos como Sade, Laclos o Wittkop “nos ayudan a entender la falsedad de quienes pretenden imponer normas morales para los demás y así poder someterlos mejor”.
Una Autora Necesaria Hoy
Las traducciones de Cabaret Voltaire han acercado a Gabrielle Wittkop al público español. Hasta ahora, solo era leída en círculos reducidos. En Francia, se ha convertido en una escritora mítica y se está reeditando su obra completa.
“Creo que su escritura absolutamente libre es una necesidad en una sociedad donde somos conscientes de que nuestra libertad es más frágil que nunca, que podemos perderla en cualquier momento”, afirma Vázquez. “Necesitamos saber que existe, qué forma tiene, qué olor, qué sabor, qué tacto. Y eso nos lo da Gabrielle Wittkop con su estilo único. Pero también tenemos que aprender de dónde viene el peligro, y ese es el mensaje que nos transmite Wittkop. Yo diría que entendemos más que nunca a Gabrielle Wittkop porque es una literatura de la emergencia, en el doble sentido de la palabra, para una situación de emergencia como la que vivimos hoy”, concluye Lydia Vázquez.













