
¿En la salud y en la enfermedad? Por qué ellas lo tienen más difícil (y se sienten más solas) que ellos cuando enferman
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Testimonios y estudios revelan una preocupante realidad: la enfermedad femenina aumenta el riesgo de ruptura en las parejas heterosexuales, evidenciando una profunda desigualdad arraigada en los roles de cuidado históricamente asignados. La experiencia de Patricia, quien enfrentó un diagnóstico de cáncer de mama con la ausencia de su pareja, es un ejemplo de esta dolorosa situación.
Patricia, tras descubrir un bulto en el pecho, se enfrentó a un torbellino de pruebas y miedos. Acostumbrada a gestionar su salud de forma independiente, no esperó el apoyo de su novio. Sin embargo, su pareja no estuvo presente ni en las consultas decisivas ni en los momentos de mayor vulnerabilidad. Ante la falta de apoyo, Patricia recurrió a su madre, ocultándole la soledad que sentía para no evidenciar la falta de compromiso de su pareja.
Tras compartir su historia en redes sociales, Patricia se vio inundada por relatos similares. Mujeres abandonadas en el hospital tras una cesárea, parejas ausentes en operaciones oncológicas, o solas durante el duelo por la pérdida de un bebé. Estas experiencias revelan que, para muchas mujeres, la enfermedad implica enfrentarse no solo al miedo médico, sino también a una inesperada soledad dentro de su relación.
La desigualdad en los cuidados: un problema estructural
Alba Ayala, investigadora del Instituto de Salud Carlos III, subraya el carácter estructural de esta problemática. “Hay una desigualdad en los cuidados”, afirma. Aunque los hombres se han involucrado más, las tareas y su intensidad siguen siendo diferentes. Ellos suelen asumir tareas puntuales, mientras que las mujeres dedican más tiempo al cuidado continuo y personal de los dependientes.
El estudio *Los nuevos cuidadores* confirma esta asimetría, mostrando que las mujeres son las principales cuidadoras en la mayoría de las edades. Solo a partir de los 80 años, el número de hombres cuidadores supera al de mujeres, generalmente maridos atendiendo a sus esposas. Entre los 45 y los 60 años, el peso del cuidado de hijos y padres recae casi exclusivamente en ellas, evidenciando que el cuidado familiar sigue siendo mayoritariamente femenino.
¿Qué dicen los estudios?
Investigaciones internacionales han demostrado que la salud de la mujer tiene un impacto mayor en la estabilidad de la pareja que la del hombre. Un estudio europeo que siguió a más de 25.000 parejas mayores de 50 años durante dos décadas encontró que, si la esposa tenía mala salud y el marido gozaba de buena salud, el riesgo de ruptura aumentaba significativamente. Sin embargo, si era el hombre quien enfermaba, la probabilidad de separación no se incrementaba de forma significativa.
Otros estudios respaldan estas conclusiones. Una investigación basada en datos de matrimonios de personas mayores en Estados Unidos analizó cómo la aparición de enfermedades físicas graves influye en la estabilidad de la pareja, mostrando que las mujeres sufren más rupturas que los hombres. En el ámbito oncológico, otro estudio halló que la tasa de separaciones se disparaba cuando la persona enferma era la mujer.
Factores que contribuyen a la desigualdad
Las explicaciones apuntan a una combinación de factores sociales, culturales y económicos. Las mujeres siguen asumiendo más tareas de cuidado y organización doméstica, por lo que, cuando enferman, este equilibrio se desmorona. Además, persiste una dependencia económica femenina y una menor red de apoyo para los hombres en roles de cuidador principal. Aunque no todos abandonan, estadísticamente la enfermedad femenina tensiona más la relación.
Aunque las generaciones más jóvenes perciben menos el cuidado como una responsabilidad femenina, los datos muestran que el cuidado informal sigue estando altamente feminizado. La brecha se ha reducido en el discurso, pero mucho menos en el tiempo, el esfuerzo y la responsabilidad reales.













