
El optimismo como escudo protector contra la demencia
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Un reciente estudio de la Universidad de Harvard revela que el optimismo podría ser un factor clave en la prevención de la demencia. La investigación, que siguió a más de 9.000 adultos durante 14 años, concluyó que las personas con una actitud positiva frente a la vida reducen en un 15% su riesgo de deterioro cognitivo.
¿Qué significa ser optimista?
La psiquiatra Marian Rojas, al analizar estos datos, precisa que el optimismo no debe confundirse con una visión ingenua de la realidad. No se trata de negar los problemas, sino de mantener una “expectativa general de que en el futuro pueden ocurrir cosas buenas” y confiar en la capacidad para afrontar las dificultades.
Una persona optimista no está exenta de problemas, pero los interpreta como situaciones temporales y cree en su capacidad para encontrar soluciones. Esta perspectiva influye directamente en la respuesta del cerebro, evitando el sentimiento de desesperanza y fomentando una actitud proactiva.
El optimismo y su impacto en el cerebro
La influencia del optimismo en la prevención de la demencia no es directa, sino que se manifiesta a través de efectos en el cuerpo y el estilo de vida.
El optimismo se asocia con un menor riesgo, ya que protege al cerebro reduciendo el estrés y favoreciendo hábitos saludables.
Las personas optimistas tienden a experimentar periodos más cortos de activación del estrés, lo que se traduce en una menor producción de cortisol. El exceso de esta hormona puede dañar el hipocampo, una región cerebral fundamental para la memoria, acelerando el deterioro cognitivo. Además, el estudio de Harvard sugiere que el optimismo está relacionado con una respuesta inflamatoria más controlada, lo cual es importante, ya que la inflamación crónica está vinculada a enfermedades como el Alzhéimer.
Estilo de vida y salud cerebral
El estilo de vida de las personas optimistas también juega un papel protector. Suelen ser más activas físicamente, descansar mejor, tener una vida social más rica y cultivar sus relaciones personales.
Cuidar los vínculos sociales es especialmente importante para proteger el cerebro a medida que envejecemos.
Mantenerse activo mental y socialmente es otro factor distintivo. Las personas optimistas tienden a participar más en actividades diversas, como cursos, voluntariado o planes sociales. Esta actitud de “salir de sí mismo” les proporciona la energía necesaria para mantener el cerebro sano y activo durante más tiempo.













