
¿Está en Peligro tu Cerebro si no Oyes Bien? Claves para la Salud Auditiva y Cognitiva
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La pérdida de audición en la edad avanzada va más allá de una simple molestia; puede tener consecuencias significativas en la salud cerebral. Inicialmente, puede manifestarse con olvidos frecuentes y dificultad para seguir conversaciones. En etapas más avanzadas, se ha relacionado con un mayor riesgo de demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, para 2050, casi 2.500 millones de personas sufrirán algún grado de pérdida auditiva, y más de 700 millones necesitarán rehabilitación. En España, la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (FIAPAS) indica que la pérdida de audición relacionada con la edad afecta al 80% de los mayores de 75 años.
El otorrinolaringólogo Francisco Márquez Dorsch señala que la pérdida de audición se incrementa a partir de los 60 o 65 años, debido al envejecimiento progresivo del sistema auditivo. Sin embargo, puede aparecer antes, influenciada por diversos factores.
¿Por Qué Falla el Oído con los Años?
La presbiacusia, o pérdida auditiva asociada a la edad, afecta las células ciliadas del oído interno, específicamente en la cóclea. Estas células transforman las ondas sonoras en señales eléctricas que el cerebro interpreta. Con el tiempo, estas células mueren debido al envejecimiento, la exposición al ruido, factores genéticos y problemas vasculares como la diabetes o la hipertensión. A diferencia de otras células, estas no se regeneran.
Los hombres tienden a experimentar pérdida auditiva antes y con mayor severidad que las mujeres, posiblemente debido a una mayor exposición histórica a ruidos laborales. El factor de riesgo más determinante, además de la edad, es la exposición al ruido, ya sea en conciertos, entornos laborales ruidosos o el uso de auriculares a alto volumen. La pérdida suele comenzar afectando las frecuencias agudas, lo que explica por qué la persona afectada oye, pero no entiende; las palabras suenan confusas.
El Dr. Márquez indica que la pérdida de audición en personas mayores puede afectar su calidad de vida si no se detecta y aborda adecuadamente. Puede influir en el equilibrio, aumentando la inestabilidad al caminar y el riesgo de caídas. Además, la dificultad para seguir conversaciones puede llevar al aislamiento social.
La Conexión entre la Pérdida de Audición y el Cerebro
En la edad avanzada, la pérdida auditiva puede estar relacionada con enfermedades neurodegenerativas. En España, se estima que más de 800.000 personas padecen Alzheimer, una cifra que se duplica cada cinco años a partir de los 65, según la Sociedad Española de Neurología. Investigaciones recientes sugieren que la pérdida auditiva y cognitiva están intrínsecamente relacionadas.
Un metaanálisis de 2024, que abarcó más de 50 estudios y 1.5 millones de participantes, concluyó que la pérdida auditiva en la edad adulta aumenta el riesgo de demencia en un 35% y el de enfermedad de Alzheimer en un 56%.
La Dra. Carmen Terrón explica que la reducción de estímulos auditivos disminuye la activación de las áreas cerebrales encargadas del procesamiento del sonido y del lenguaje. Esta falta de estimulación sostenida puede favorecer la pérdida progresiva de función en determinados circuitos cerebrales.
Además, el “sobreesfuerzo cognitivo” ocurre cuando el cerebro destina más recursos a descifrar el mensaje auditivo, lo que reduce la capacidad disponible para otras funciones como la memoria o la comprensión global de la información. Este deterioro se ha observado en áreas del cerebro donde se acumulan placas de beta-amiloide y ovillos de proteína tau, asociadas con el Alzheimer.
La soledad y la depresión, consecuencias directas de la sordera no tratada, también son factores de riesgo para el deterioro cognitivo.
Audífonos: Protectores del Cerebro
El Dr. Márquez afirma que, aunque no siempre se puede evitar la pérdida de audición relacionada con la edad, se pueden adoptar medidas para reducirla y frenar su progresión. La detección precoz es clave; ante la sospecha de dificultad para oír, la valoración por un especialista permite confirmar el diagnóstico y ajustar las medidas necesarias.
Un metaanálisis publicado en JAMA Neurology reveló que el uso de audífonos o implantes cocleares reduce el riesgo de deterioro cognitivo a largo plazo en un 19%. Incluso a corto plazo, estos dispositivos mejoran las puntuaciones en pruebas cognitivas generales en un 3%.
El Dr. Márquez confirma que, en muchos casos, el uso de audífonos mejora la capacidad de comunicación y facilita mantener la actividad social. La Dra. Terrón añade que es importante mantener actividades sociales, participar en conversaciones y mantener rutinas que impliquen interacción, ya que esto ayuda a sostener la estimulación mental y reduce el riesgo de aislamiento. Cuando aparecen síntomas de ánimo bajo, irritabilidad o retraimiento, es crucial buscar la valoración de un profesional para detectar un posible impacto en la salud mental y plantear un acompañamiento adecuado.
Investigaciones adicionales respaldan estas conclusiones. Un estudio en Australia encontró que los audífonos se asociaban a una reducción del 33% en el riesgo de demencia a siete años. Un estudio de 2025 observó que las personas que comenzaron a usar audífonos antes de los 70 años tenían un 61% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con aquellas que, teniendo pérdida auditiva, no los usaban. Iniciar el tratamiento después de los 70 años no mostró el mismo nivel de protección.
La prevención debe comenzar mucho antes. Controlar la exposición al ruido a lo largo de la vida evitará la pérdida de células ciliadas. El uso de tapones para los oídos es esencial. También es relevante controlar enfermedades crónicas como la hipertensión, el colesterol desregulado y la glucosa en sangre elevada, que son factores de riesgo no solo para el corazón, sino también para la audición.
Una vez que la pérdida ha comenzado, la corrección temprana con audífonos es la medida de protección por excelencia. La Dra. Terrón afirma que facilita la entrada de estímulos sonoros y reduce el esfuerzo necesario para comprender el entorno, lo que contribuye a preservar la función cognitiva.
Usar el audífono no es una cuestión de conveniencia o gusto personal; no hacerlo pone en riesgo la salud cerebral. Acudir al otorrinolaringólogo ante la menor sospecha, realizarse una audiometría y, si es necesario, ponerse el audífono, es un acto de responsabilidad con la salud personal.












