
Bernardo Atxaga, los lugares de Urtain
Narrativa ‘Golondrinas’ Autor Bernardo Atxaga Editorial Alfaguara Año 2026 Páginas 251 Precio 20,90 Valoración ***Es uno de aquellos que Manuel Summers tildó de ‘Juguetes rotos’. He de reconocer algo de decepción cuando, en la novela, esta biografía, que podía haber suscitado una gran obra en manos de alguien como Atxaga, se convierte en materia de fondo de únicamente un tercio de su desarrollo.
Es elogiable que evite Atxaga la salida fácil que un tema así suscitaba, como la reconstrucción de los ambientes del final del franquismo para con la marioneta que fue Urtain en manos de empresarios y políticos. Pero podía haber sido interesante la opción de reflejar el punto de vista interior del personaje, o cualquiera otra que permitiera que un tema así lograra una gran novela en manos de un escritor de su calidad.
Frente a estas opciones ha decidido elegir una tercera, veteada por una especie de realismo mágico, pues deja que la responsabilidad narrativa de los hechos quede en manos de demonios de la tribu angélica de Luzbel, en concreto, Bataele, Utariel o Azazel, personajes de ‘El Paraíso perdido’ de John Milton. Son estos quienes observan a la serie de ‘seres materiales’ (según les llaman) deambular y vivir sus avatares.
A mi juicio esta cesión de responsabilidad narrativa no termina de funcionar, no tanto por la credibilidad (Atxaga mismo en ‘ Obabakoak’ nos había demostrado que lo verosímil no tiene obligación real), sino porque carece de necesidad o rendimiento en la trama y, sin embargo, colabora en dejar al lector bastante fuera de lo contado. La otra cuestión problemática que tiene ‘Golondrinas’ es que el tema de Urtain, un gran asunto que el primer tercio de la novela explota muy bien, se abandona para entrar en las dos historias que protagonizarán las dos secciones siguientes: la del conocido como Guillermo el Tirolés, quien odiaba a Urtain, y la de Pedro, un pintor que se entierra en el mismo lugar donde estuvo la tumba del boxeador de Cestona.
El vínculo de los tres es la casa de El Tirolés en un antiguo molino, que pasa a ser propiedad finalmente de Pedro. Es decir, tres historias sucesivas, con tres escenas de enterramiento en el mismo cementerio.
El tema central de Urtain queda finalmente bastante decoloradoEscenas que han servido de cañamazo unitivo. La novela, que alcanza soberbias páginas con ese estilo poético y fabulador típico de este excelente escritor, tanto en la primera como en la tercera parte, entra en su segunda sección en menudencias de compras y vicisitudes bastante menores, que hace disminuir su interés, al menos hasta que en la tercera parte de la historia del pintor Pedro hace recuperar de nuevo el vuelo.
Las vicisitudes sexuales de funcionamiento de este molino como lugar de orgías, y la trama de ocultamiento de ellas por parte de la agente inmobiliaria en su transmisión al último propietario, si bien aumenta la intriga, no colabora a mi juicio en el mejor rendimiento literario de la novela, y tiene la consecuencia de que el tema central de Urtain quede finalmente bastante decolorado.













