
La buena hija": Un filme que desafía los estereotipos de la violencia machista
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En un contexto donde las cifras de violencia machista continúan siendo alarmantes, con 14 mujeres asesinadas por sus parejas en los primeros tres meses de 2026, la cineasta Júlia de Paz presenta su segunda película, **”La buena hija”**, un filme que explora la violencia vicaria desde una perspectiva inusual.
Una mirada a la violencia vicaria a través de los ojos de una hija
“La buena hija” aborda la violencia vicaria desde el punto de vista de una hija que, al entrar en la adolescencia, intenta comprender lo sucedido. La película se centra en la relación de la joven con su padre, un artista moderno y aparentemente progresista, con quien comparte una conexión especial. Sin embargo, las visitas entre padre e hija deben realizarse en un punto de encuentro supervisado por los jueces, lo que sugiere que algo grave ha ocurrido.
A medida que avanza la historia, la película revela sutilmente los detalles de la violencia vicaria, mostrando chantajes, comportamientos y vejaciones que, aunque no siempre tipificados como delitos, dejan entrever la gravedad de la situación. La directora confía en la inteligencia del espectador para completar los vacíos y comprender la complejidad del problema.
Derribando estereotipos
Uno de los mayores logros de “La buena hija” es su capacidad para desafiar los estereotipos asociados con los maltratadores. Júlia de Paz opta por un personaje paterno que se aleja de la imagen tradicional del hombre autoritario y violento. Interpretado por Julián Villagrán, el padre es un artista que plantea el debate sobre la separación entre la obra y el autor.
La directora explica que, durante la investigación para la película, se percataron de que los arquetipos existentes sobre los maltratadores minimizaban la violencia, invisibilizando muchos casos que no se ajustaban a esa imagen concreta. Por ello, decidieron crear un personaje que rompiera con esas narrativas hegemónicas.
La importancia de abordar la violencia psicológica
La película también reflexiona sobre lo que entendemos como violencia en general, y como violencia vicaria en particular. Júlia de Paz subraya que, a menudo, la violencia machista se asocia únicamente con la violencia física o sexual, dejando de lado la violencia psicológica, que es más difícil de detectar pero igual de dañina.
“Tipificamos la violencia vicaria como el asesinato o la violencia más física y no estamos contemplando la violencia psicológica, que es más difícil de detectar y de leer, pero que si no la abordamos, no estamos abordando el conflicto en su globalidad”, afirma la cineasta.
Una red de apoyo femenino
Tanto la protagonista, interpretada por Kiara Arancibia, como su madre, avanzan gracias a una red de mujeres que las rodean. En el caso de la madre, son otras víctimas de violencia quienes le brindan apoyo, mientras que la joven encuentra consuelo en sus amigas del instituto. Este mensaje es fundamental para la directora, quien busca transmitir la idea de que, con un buen acompañamiento, es posible romper los patrones de violencia y construir un futuro mejor.













