
Aparece un loro a 150 kilómetros de su domicilio en San Sebastián: "Se ha escapado más de 20 veces, y estoy seguro de que va a intentar correrse alguna nueva aventura"
La historia de ‘Gorri’, un loro doméstico de 44 años de San Sebastián, ha tenido el desenlace que todos esperaban: un final feliz. Tras una semana desaparecido y sin apenas pistas claras sobre su paradero, el ave ha sido finalmente localizada a 150 kilómetros de su hogar, en la localidad riojana de Agoncillo. Su propietario, el reconocido crítico gastronómico Rafael García Santos, no ha ocultado su alivio tras recuperar a su inseparable compañero.
Todo comenzó el pasado domingo de Pascua, cuando ‘Gorri’ escapó de casa, algo que, según relata su dueño, no era precisamente una novedad. “Se ha escapado ya más de 20 veces”, explica García Santos, quien tiene preparado incluso un protocolo de actuación: carteles de búsqueda distribuidos por el barrio, avisos en redes sociales y contactos con asociaciones y veterinarios.
Sin embargo, esta vez la situación fue distinta. Pasaban los días y no aparecía ninguna pista concluyente.
La desaparición movilizó a vecinos, medios de comunicación y usuarios de redes sociales. ‘Gorri’ no es un loro cualquiera. Su fama en la ciudad es notable, en parte por sus frecuentes escapadas, pero también por su personalidad y su peculiar estilo de vida.
“Ha salido en televisiones, radios, periódicos… todo el mundo lo conoce”, comenta su propietario. De hecho, la repercusión mediática fue tal que cualquier pequeño indicio era rápidamente compartido y analizado.
Durante los primeros días, algunos testigos aseguraron haber visto al loro en distintos puntos de San Sebastián. Incluso la policía municipal participó en la recopilación de información. Sin embargo, no fue hasta días después cuando se resolvió el misterio: una persona que no residía en la ciudad había recogido al animal y se lo había llevado consigo a una vivienda rural en Agoncillo.
Allí, lejos del bullicio urbano, y a 150 kilómetros de su hogar, ‘Gorri’ fue cuidado con esmero.
Según cuenta García Santos, el loro regresó en perfecto estado, e incluso con las uñas cortadas, algo poco habitual en estas aves. “Ni siquiera algunos veterinarios se atreven a hacerlo”, señala sorprendido. El hombre que lo encontró, amante de los animales, lo mantuvo en buenas condiciones, hasta que finalmente se puso en contacto tras ver la repercusión mediática del caso.
El reencuentro no pudo ser más celebrado. García Santos viajó hasta La Rioja para recoger a ‘Gorri’ y, fiel a su profesión, decidió conmemorar el momento con una comida especial.
El loro, acostumbrado a una dieta poco convencional, participó en el festín. “Come de todo: tortilla, lechazo, pescado… es un gourmet”, explica entre risas.
Y es que ‘Gorri’ no lleva una vida común. Vive suelto en casa, se sienta a la mesa con su dueño y comparte alimentos variados. Entre sus favoritos se encuentran las frutas, los frutos secos y, sorprendentemente, la carne.
“Cuando ve una chuleta, se lanza volando a por ella”, relata su dueño.
Además de por su apetito, el loro destaca por su capacidad para imitar sonidos y palabras. Entre su repertorio figuran expresiones como “Rafa, golfo”, “champán” o “gorri campeón”, que reproduce con un tono sorprendentemente similar al de su dueño. No obstante, como ocurre con muchos loros, suele hablar cuando quiere, y no siempre en presencia de personas.
A pesar de su edad —44 años—, ‘Gorri’ mantiene cierto espíritu aventurero. Según su propietario, las escapadas suelen deberse a sustos provocados por el entorno: gatos, gaviotas o ruidos en la terraza de su vivienda, situada junto al mar.
Tras esta última experiencia, García Santos se plantea tomar medidas adicionales para evitar futuras fugas, como la instalación de un dispositivo GPS.
“Después de tantas andanzas, no creo que deje de intentar nuevas aventuras”, admite.
Mientras tanto, la historia de ‘Gorri’ ha vuelto a conquistar a la opinión pública, consolidándolo como uno de los animales más conocidos de la ciudad. En mercados, tiendas y calles, los vecinos preguntan por él, celebrando su regreso como si se tratara de un viejo conocido.
Por ahora, el loro ya está de vuelta en casa, disfrutando de su particular “buffet libre” y, quién sabe… quizás planeando su próxima escapada.













