
La cara oculta de la agricultura en Almería: residuos que contaminan invernaderos y barrios
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Basta con alejarse del centro de Almería para descubrir una realidad preocupante: residuos agrícolas esparcidos por caminos, solares y barrios. Plásticos, rafias y restos de invernaderos se acumulan, revelando la cara menos amable de la agricultura intensiva en la provincia.
Almería, con más de 3.000 hectáreas de cultivos bajo plástico, es un referente internacional en la producción de tomate. Sin embargo, esta potencia productiva convive con una gestión irregular de los residuos agrícolas, donde la falta de acción de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento agrava el problema.
La problemática de los residuos
“El 98 o el 99% de los agricultores hace un trabajo perfecto”, afirma José Mañas, concejal de la oposición del PSOE en el Ayuntamiento de Almería. “Pero hay unos pocos que lo ensucian todo”. Estos comportamientos minoritarios tienen un gran impacto, con residuos abandonados en cualquier lugar. Además, señala a intermediarios que operan fuera de la ley, cobrando por reciclar plásticos que luego abandonan.
¿Cómo funciona el circuito de los residuos?
El sistema de gestión de residuos agrícolas en Almería es privado. La Junta de Andalucía autoriza y supervisa, pero la gestión recae en empresas privadas que clasifican y envían los materiales a gestores finales. En Almería capital, una instalación clave es Reciclados Almerienses 2005, planta intermedia para diversos residuos, incluyendo los agrícolas.
El proceso continúa con el traslado de los plásticos a plantas específicas, como las de Níjar, y la gestión de restos vegetales en instalaciones como la de Rioja. Esta cadena, con múltiples etapas y traslados, genera costes y complejidad logística. Mañas estima el coste del tratamiento entre 150 y 250 euros por hectárea, además del transporte, reconociendo que algunos optan por vías irregulares.
Desde la Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG) de Almería, se advierte sobre la capacidad del sistema. El final de campaña concentra grandes volúmenes de residuos que pueden saturar las plantas de tratamiento. “Las plantas están trasladando su inquietud por la posible saturación ante el volumen de entradas”, explica su secretario provincial, Andrés Góngora.
COAG insiste en la necesidad de anticipar la gestión para evitar acumulaciones y facilitar el reciclaje, especialmente separando los materiales. “Separar la rafia es fundamental”, señala Góngora, recordando el impacto económico asociado: “Puede haber una reducción de hasta el 80% si los residuos llegan sin rafia”. La acumulación de restos, ya sea por saturación o por prácticas irregulares, tiene consecuencias que van más allá de lo visual.
“Es clave evitar que se acumulen restos en el exterior de las explotaciones”, advierte Góngora, apuntando a la proliferación de plagas en un contexto ya complejo para el control fitosanitario.
Mañas describe el efecto directo sobre el entorno agrícola: “No es sólo una mala imagen, es un foco de infección para los invernaderos”. Añade que “con que salga un pulgón o una mosca blanca de ahí, ya estás transmitiendo enfermedades”. Los residuos no se limitan a zonas agrícolas, sino que también se encuentran en barrios periféricos como Venta Gaspar, Bellavista o la Vega de Almería.
La acumulación inicial tiende a crecer: “Empieza con unos plásticos y acaba con neumáticos o electrodomésticos porque la basura llama a la basura”. Esta situación afecta incluso al ámbito comercial, con recorridos diseñados para evitar que las visitas vean los residuos.
Responsabilidades cruzadas entre la Junta y el Ayuntamiento
Desde el Ayuntamiento de Almería, el concejal de Agricultura, Juanjo Segura, afirma que la gestión de estos residuos no es de su competencia directa. “La vigilancia y recogida de residuos agrícolas no es competencia municipal”, aunque señala que colaboran con la Junta de Andalucía y el Seprona. El consistorio realiza limpiezas periódicas en otros ámbitos, como el cauce del río Andarax.
La Junta de Andalucía, por su parte, responsabiliza en primer término a los agricultores. Fuentes de la Consejería de Agricultura señalan que, en caso de incumplimiento, la intervención corresponde a la Consejería de Sostenibilidad. Cuando los residuos son urbanos o afectan a caminos, la competencia pasa a los ayuntamientos.
El Ejecutivo regional también recuerda que se hacen actuaciones en cauces públicos para retirar residuos plásticos. La consecuencia de estas posturas es que los principales actores implicados se reparten la responsabilidad, mientras los residuos se acumulan en el entorno agrícola y urbano.
El sector agrícola plantea soluciones como mejorar la capacidad de las plantas, modernizar infraestructuras y facilitar la transición hacia materiales biodegradables. “Las mejoras deben ser asumidas por todos los agentes implicados”, sostiene Góngora.
Sin embargo, la realidad es que los restos de la actividad agrícola permanecen a la vista, en los márgenes de una de las principales potencias productivas de España y Europa.













